Okane o subete sekai e chikara 18 – El Soldado

Victoria y Gloria. Solo eso persigue la gente de Iren. Solo eso puede acompañar a un <<Soldado ACME>>.

En Iren, cuando un niño alcanza los 6 años, es probado para determinar su potencial. Si muestran buenas aptitudes, se vuelven candidatos para ser soldados Acme.

Durante los siguientes 6 años tendrán que pasar prueba tras prueba. Los pocos que lo logran se convierten en cadetes y son enviados al verdadero campo de entrenamiento, situado en la capital del territorio Irenita, La gloriosa ciudad Acme, tierra sagrada de la humanidad, donde antaño residió la deidad protectora del mundo <<Ashma>>.

En esa misma tierra, bajo la mirada de la estatua de la deidad, los cadetes pasan por las pruebas más grandes, muchos no lo logran, muchos más ni siquiera sobreviven. Pero aquellos capaces de superar 6 años de entrenamiento, reciben la honrosa oportunidad de hacer la prueba del Acme. Pasar la prueba significa el honor de convertirse finalmente en un Soldado Acme, el más grande honor que puede tener un ciudadano de Iren, no, de todo el mundo.

Yo superé esa prueba y me convertí en un Soldado Acme, asignado a la sexta legión del general demonio.

Los cuatro generales. Los que ostentan el poder militar y responden únicamente al consejo y los dos reyes de Iren.

El General del Sol, asignado a la conquista de las tierras del norte.

El General de la Noche, asignado a la defensa de las tierras del sur.

El General del desierto, asignado a la exploración y conquista del oeste.

El General del Cielo, asignado a la protección de la tierra sagrada de Acme y los templos de Ashma.

Estos cuatro generales trabajan en conjunto por la gloria de Iren.

Ninguno de ellos se compara al hombre que lleva el título de <<Demonio>>. Se dice que en toda la historia de Iren, solo ha habido una docena de individuos que hayan recibido ese título. Incluso entre ellos, solo ha habido dos a los que se ganaron el nombre de “Demonio de dos cuernos”. El Gran General de la época de la fundación de Iren y el hombre al que sirvo.

Hace años un desconocido sin nombre se alzó en el campo de batalla y escaló rápidamente hasta la cima del mundo militar.

Aquel con más autoridad de entre los Generales. Cuya autoridad es apenas inferior a la de los reyes. El despiadado demonio que trae el infierno a la tierra. Aquellos que hemos combatido bajo sus órdenes lo sabemos. Un día sucederá a uno de los reyes y conquistará el continente entero.

Bajo las órdenes de tan glorioso líder, es que la sexta legión, que yo comando desde hace 2 años, se movilizó para tomar un diminuto e insignificante pueblucho. Un lugar con un poder militar poco menos que inexistente. Tanto que en los últimos dos siglos hemos ignorado, a pesar de que nuestros ejércitos pasan constantemente por sus tierras.

Honestamente, siento nauseas el pensar en combatir gentes que ofrecen menos resistencia que simples animales, pero no soy quien para juzgar al General. Sin duda hay algún buen motivo por el que debemos hacer todo esto. Tal vez tenga que ver con la profecía de la estatua.

Mientras nos aproximamos a nuestra siguiente conquista, un grupo de insignificantes mercenarios se cruzaron en nuestro camino. Bajo circunstancias normales, haría que mis hombres les exterminaran como calentamiento, pero en este caso estás ratas cobardes son nuestros aliados, al servicio del General.

Acompañados por los mercenarios, finalmente llegamos al pueblo, donde somos recibidos como es costumbre por los guardias. Estas gentes, como los perros, se adaptaron para sobrevivir a la sombra del fuerte. Cada vez que los ejércitos de Iren pasan por su pueblo, es recibido con comida caliente, bebida y hospedaje para los oficiales. A cambio se contentan con algunas piezas de metal o joyería que solemos cargar fuera de otros pueblos conquistados. Sin contar los metales que pueden ser usados para armas y armaduras, lo demás es basura inútil, como tirar un hueso a un perro.

Pero hoy es diferente.

“Gentes de Galatea, sepan que ahora están bajo el dominio de Iren, si se resisten encontrarán su muerte”.

Luego de mi anunció habitual, uno de los guardias pierde la compostura y empieza a correr… cobardes sin medula.

Antes de lograr perderse entre las casas, es atravesado por la lanza de uno de mis hombres.

“¡¡AAAAAGHGG!!”

Los gritos del hombre son acompañados por los de las mujeres que fueron testigos de su muerte… esto ni si quiera sirve de calentamiento.

“Maten a todos los que intenten huir del pueblo o estén armados”.

Sin perder tiempo, mis hombres toman el pueblo, mientras observo la aniquilación de las ‘Amenazas’, los mercenarios que vinieron con nosotros comienzan a sacar a la gente de sus casas y a reunirlos para atarlos y llevarlos como esclavos. El pago acordado por sus servicios.

De vez en cuando, comerciamos con extranjeros. En momentos así, uno de los medios de pago preferidos, son nuestros prisioneros de guerra, que son usados como esclavo. Debido a esto, y a que simplemente no hay honor en matar a quienes no pueden resistirse, no solemos matar a los sumisos.

Los sumisos heredarán la tierra, para trabajarla en nombre de sus amos como los esclavos que son.

“¡Aléjese de mi hermana!”

De repente, entre gritos y forcejeos, escucho una débil pero firme voz. Al dirigir la mirada en la dirección de la que procede, veo a un niño con espada de madera colocarse entre uno de los mercenarios y una joven que parece haber caído al suelo.

“Jejeje. Niño, tienes una hermana preciosa, será una excelente esclava”.

“No pierdas el tiempo y mátalo, ese mocoso se atrevió a golpearme”.

“¡Le dije que no pusiese sus asquerosas manos en mi hermana!”

“¡Albert! ¡Detente! ¡Es peligroso!”

Hah… que vista más triste. ¿En verdad se hacen llamar hombres? ¿Realmente deben hacer semejante escándalo por un niño?

Patético.

“AH. Tu, soldado. ¡Apresúrate y mata a ese insolente criajo que se atrevió a golpearme!”

“…”

“¿Que no escuchaste? ¡Te dije que lo matarás!”

Ese hombre se ve incluso más débil que los otros. Sus ropas lucen mejores, pero no fueron hechas para el combate. Tal vez sea el comerciante de esclavos con el que trabajan los mercenarios o su jefe. Aunque no sabe medir sus palabras, habla mejor que sus hombres.

“Ninguno de mis hombres le obedecerá”.

“¿Eh? Pues entonces has que cumpla mis órdenes, este es nuestro pago por el trabajo, nos pertenece. ¡Es su trabajo, el matar a quienes se resistan!”

“¿Resistirse eh?”

Sin prestar mucha atención al exasperado sujeto, me acerco al niño.

Hmm, su postura no está tan mal, creo que tiene mejor semblante que el resto de este miserable pueblo, tal vez si fuera 10 años mayor… no, aun así, no podría más que ser oponente de un soldado regular, ni siquiera le tomaría tiempo a uno de mis hombres.

“¿Eres el causante de este escándalo?”

“¡Los culpables son ustedes, nosotros no hicimos nada!”

“Es verdad, no nos hicieron nada, es por eso que pretendo dejarlos vivir, soy un hombre razonable”.

“¡AAAH!”

“¡¡ALBERT!!”

Reuniendo su espíritu, el niño cubre la distancia que nos separa tan rápido como se lo permiten sus cortas piernas y ataca con su espada de madera.

Naturalmente, la espada se despedaza al golpear mi armadura y el espíritu en el rostro del niño se debilita con la confusión.

“Llévenselo”.

Uno de mis hombres que estaba observando, particularmente aquel al que el comerciante trató de dar órdenes antes, sujeto al niño mientras seguía mirando lo que quedaba de su espada.

“¿Pero qué hacen? ¡Les dije que lo matarán!”

“No se confunda. Tal vez estemos trabajando juntos en esta campaña, pero no somos aliados y sin duda, usted no es nuestro jefe”.

“Un simple soldado se atreve…”

“¿Simple soldado?”

En estas palabras dejo fluir mi espíritu  combativo, una presión que reduce a los mercenarios alrededor a meros gusanos capaces de sostenerse. Un no-combatiente como este intento de hombre, naturalmente no es capaz de mantenerse en pie ante tal presión.

“Déjeme aclararlo para usted. Cada uno de mis hombres y yo, somos soldados Acme. La élite de la elite. Hasta el último entre los soldados Acme tiene la autoridad de un comandante. Por lo que si no recibimos una orden directa superior, actuamos bajo nuestro propio criterio. Nuestras órdenes en esta campaña fueron que tomáramos este pueblo y les entregáramos a sus sobrevivientes como esclavos, matando solo a los que pusieran resistencia. Bajo ningún concepto tenemos porque obedecer sus órdenes”.

“E-Ese niño… ¡me atacó! ¡El opuso resistencia…! ¡Incluso le atacó a usted!”

Jeee. A pesar de ser menos que un ratón, tuvo la fuerza de responder. Bueno, por algo puede dirigir a más de un centenar de mercenarios. Si no, alguno de sus propios hombres ya le habría cortado la cabeza. Aun así… sigue siendo menos que un ratón.

“Soy un soldado Acme, mi cuerpo, como mi armadura, están hechos para la guerra. Algo como esto…” digo sosteniendo en mi mano unos trozos de la espada de madera del niño.

“Algo como esto, no es una amenaza. Eso no puede considerarse oponer resistencia. Para eso, por lo menos debería portar una espada de verdad… por lo menos”.

“Eso es una tontería, el niño…”

“Y algo más. Como dije antes, las órdenes fueron tomar el pueblo y entregarles los esclavos… En ningún momento se nos fue dada la orden de no matarlos. En otras palabras, depende de mí si vives o mueres”.

“GGGIIIIAHH!”

“Chillas como ratón, haces quedar mal a los roedores. Vuelve a responderme y yo mismo cortaré tu cabeza. Les entregamos los esclavos y ustedes toman sus ropas y se hacen pasar por refugiados para infiltrarse en Galia. Si hacen bien su trabajo, tal vez volvamos a hacer tratos. Si fallan o nos traicionan, no habrá lugar en el continente ni en el resto del mundo en que puedan esconderse de la irá de Iren. ¿Fui lo bastante claro?”

Sudando a chorros, el rufián asiente con movimientos exagerados de cabeza. Bien, tanto él como sus lacayos que nos observaban pudieron entender su lugar.

Aclarado este asunto. Dejamos a los mercenarios hacer su trabajo, luego de darles un par de días de ventaja, comenzamos a movernos en dirección a Galia.

Así que esa es la formación de montañas de Galia. Es la primera vez que lo veo. El extremo oriental del continente.

Galia es un lugar famoso, debido a que posee una Academia AS que funciona de forma independiente a los reinos vecinos. De no ser por que Jagheb ya reclamó hace mucho todo lo que pudiera ser valioso de esa academia, tal vez valdría la pena conquistar Galia, aun considerando las bajas que ocasionaría un asalto frontal.

Bueno, no es que deba pensar en ello, incluso si no es lo más glorioso, un asedio regular bastará esta vez, eso si los mercenarios pueden hacer bien su trabajo… que aburrido.

Victoria y Gloria. Solo eso busca la gente de Iren. El Honor llegará siempre acompañándolas.

Pero el único honor que obtendré de esto, es el de haber seguido mis órdenes. Ni siquiera habrá una batalla digna. No es como si hubiera habido hasta ahora un oponente digno de mí. Hasta ahora, nadie fuera de Iren ha demostrado dar pelea. Incluso Jagheb, sus hombres apenas están a la altura de los soldados regulares, de no ser por sus armas, estarían perdidos.

“Señor, Comandante Jemur, señor”.

“¿Que ocurre soldado?”

“Hay unos hombres al pie de la montaña, parecen estar esperándonos”.

“Mm. Qué extraño”.

Haciendo uso de la herramienta de visión lejana que me alcanzó mi subordinado, observo a 4 hombres de pie frente al camino que lleva a Galia. Todos llevan armaduras, y unas buenas. Pero ninguna especial, exceptuando al portador de una armadura dorada. Poseedor de un semblante como nunca había visto antes. A pesar de la distancia, parece como si me estuviera observando.

“Tienen el valor de dejar atrás las defensas para presentarse ante nosotros. Debemos devolver el gesto. Iré yo mismo, ellos son 4, así que quiero que 3 líderes de escuadrón me acompañen”.

“A la orden”.

No es como si necesitara la escolta, pero cuando vas a hablar con el líder enemigo, el mostrarle a tus hombres es un símbolo de estatus, deja ver que no eres un simple mensajero, sino el comandante.

A medida que nos acercamos, más se hace notar la exquisitez de la armadura dorada del extraño. Es como si estuviera hecha completamente de oro. Pero eso es difícil de creer, no solo sería extremadamente costosa, sino que además sería un peso que pocos hombres podrían cargar, sin mencionar usarla en combate. La identidad del extraño me interesa más y más.

Cuando llegamos a pocos metros de ellos, hecho una vez más un vistazo a la apariencia del extraño. Es como si exudará dignidad y poder. Su rostro es el que esperarías del dueño del mundo. Ni siquiera los reyes de Iren o los señores de la guerra que forman el consejo, poseen semejante presencia… solo él. Creía hasta este día, que nadie podría tener semejante presencia, además del General Demonio de Dos Cuernos. ¿Quién es esta persona?

“Saludos, gente de Galia. Soy Jemur, comandante de la sexta legión de soldados Acme del General Demonio de dos cuernos, del ejercito de Iren”.

Sin siquiera pensarlo, me presenté a mí mismo, esperando lo mismo de él. No es el anunció habitual, sino una genuina presentación de mi persona y rango.

“Saludos soldados de Iren. Yo soy Argent Makoto, un Aristoi. He tomado residencia en Galia y en nombre de la ciudad, he venido a hacer un trato”.

¿Un Aristoi? Con su porte, es posible, pero… ¿un trato?

Como si pudiera leer mi mente, el hombre disipa mi confusión con sus siguientes palabras.

“Quiero desafiar a un duelo a su líder. Si ganó, los intrusos abandonarán Galia y el territorio a sus alrededores. Si pierdo, les dejaremos subir por el camino sin oponer resistencia. Por su puesto, una vez arriba, les enfrentaremos con todo lo que tenemos, no es como si pretendiéramos rendirnos sin pelear”.

  1. ¿Pero qué es esto? Un desafió. Y dice que aun si pierden, no se rendirán, a pesar de abandonar las defensas en el camino. ¡Pero cuanta dignidad! Jamás soñé con la oportunidad de batirme en combate con un Aristoi, y más aún, este hombre con una presencia como la del General. No puedo dejar pasar esta oportunidad.

“Como el comandante de este ejército, acepto el desafió”.

“Muy bien, sígannos, les guiaremos al lugar del combate. Ordenaré a los guardias en el camino que les dejen pasar”.

“Oh. ¿Así que pelearemos arriba?”

“Por supuesto. La gente de Galia también debe presenciar el enfrentamiento. Más aun, si llegase a perder, ustedes ya habrán cruzado el camino, así que si muero, lo habré hecho luego de cumplir mi parte del trato”.

¡Pero qué Admirable! ¡No puedo esperar a matar a este gran hombre con mis propias manos!

 

 

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