Okane o subete sekai e chikara 33 – Ahora a conspirar

monoro

Capítulo 33

Ahora a conspirar

 

Bajo el sol, el resplandor en el acero de las espadas (aún sin filo) desvelaba el preludio de una pelea entre espadachines, o lo que se supone debía ser una. En su lugar, ambos contrincantes se observaban, tras un único choque.

“¿¡Qué fue eso!?” pensó Garonte, luego de ser empujado dos metros por un joven al que sobrepasaba por casi medio metro de altura.

Garonte esperaba un combate de habilidad. Si el chico había sido entrenado por aquel gran hombre, seguramente debía poseer alguna clase de técnica difícil de anticipar, un movimiento increíblemente rápido o algo por el estilo. Ante todo, ni siquiera consideró la posibilidad de que si el joven lo superaba, sería en fuerza.

Aun así, esto pasó. Tras el breve instante en el que sus espadas chocaron, Garonte pudo sentir un empuje terrible. De no haber sido por su habilidad y experiencia en combate, se habría visto forzado a soltar su arma. Aquel choque debería haber levantado el telón para un intercambio de movimientos entre ambos espadachines, en cambio todo su cuerpo había sido repelido, dejando las marcas de arrastre hechas por sus pies como prueba de que nada de lo que había pasado era un sueño.

Todos los presentes se veían sorprendidos, con excepción de una persona. Argent, quien observaba con complacencia a Garonte, como si dijera “¿Eso te sorprende?”.

Ahora los rumores no parecían una ilusión. El hombre frente a él, ya no era solo una ilusión. Si su discípulo tenía tan abrumadora fuerza, ¿qué clase de monstruo debía ser su maestro?

Incluso con su victoria esfumándose ante sus ojos, Garonte no desistió en su deseo de enfrentarlo. Sin embargo, antes tendría que superar la prueba que tenía enfrente.

De inmediato pensó que si el chico era poseedor de semejante fuerza, tal vez todo su entrenamiento se había basado en mejorar su fuerza física. Después de todo, el hecho de que no hubiera continuado con su ataque inicial, demostraba que no estaba listo para reaccionar, o mejor dicho… Su rostro mostraba cuan atónito estaba debido a lo ocurrido, tanto como todos los demás. Era como si fuera la primera vez que su oponente era superado por su fuerza de esa manera…

Es posible que… nunca antes se hubiera enfrentado a alguien a quien pudiera superar en fuerza… Si esto era cierto y considerando que había sido entrenado por Argent, aquello solo significaba que en un choque entre ambos, Ryuuji era quien normalmente salía despedido… En ese instante la figura de Argent parecía hacerse más grande a los ojos de Garonte, como un gigante que lo observaba a espaldas de Ryuuji.

De repente, mientras todos seguían observando congelados, Garonte se abalanzó contra el joven, quien nervioso se cubrió levantando su espada. En ese momento, Garonte se aprovechó de su descuido y lo pateó en el abdomen sirviéndose del impulso obtenido al correr, transfiriendo toda la fuerza cinética a Ryuuji, quien fue lanzado metro y medio, aterrizando sobre su espalda.

“Creer que tu oponente solo te atacará con su espada, es el error más grande que puede cometer un espadachín”.

Las palabras de Garonte causaron gran impacto en todos los presentes. De inmediato sus hombres comenzaron a ovacionarlo. Había, en una demostración de habilidad y experiencia, hecho que su oponente sintiera lo que él.

“Puedo vencerlo” pensó. Si todo lo que tenia de su lado era una fuerza abrumadora, no era distinto a los monstruos a los que había exterminado cientos de veces. Los humanos gobernaban esta tierra no por ser la especie más fuerte, sino por ser los más versátiles y aquellos que podían superar obstáculos más allá de la fuerza bruta.

Por supuesto, Garonte no desperdiciaría la oportunidad que le brindaba la desventajosa postura de su adversario, que yacía en el suelo confundido. Él si continuaría su ataque hasta ganar.

En un breve instante, atravesó la distancia que él mismo había creado entre ambos y se preparó para un corte vertical. Sin embargo, una vez más fue sorprendido por su adversario, el cual en cuestión de un parpadeo se elevó por encima de su cabeza (la de Garonte). Ryuuji solo había requerido de un movimiento para salir de su desventajosa posición, y ahora se encontraba de pie al otro lado de la arena.

Saliendo del momentáneo estupor que le indujo haber presenciado aquella intrépida acrobacia, Garonte se dirigió nuevamente a arremeter contra Ryuuji. Estando presente aquella enorme brecha entre sus habilidades, Garonte no podía permitirse el lujo de dejar que aquel chico tomará la iniciativa. Era hora de emplear su técnica especial.

Garonte corrió rápidamente, mientras inclinaba su cuerpo hacia adelante. La distancia entre ellos era suficiente para que Ryuuji reaccionara y se pusiera en guardia antes de que estuviera demasiado cerca… Y aquello era justo lo que quería.

Cuando estuvo a poco más de un metro de Ryuuji, Garonte dio un salto hacia adelante y preparó el golpe, aprovechando que la guardia de Ryuuji era baja. No obstante, en aquel preciso instante, el antiguo general sintió un gélido escalofrío recorrer toda su espalda, y a continuación, como todo su cuerpo se congelaba. Podía percibirlo a través de cada músculo, tendón y hueso. Cada movimiento del que era capaz su cuerpo, era observado y estudiado con precisión milimétrica.

Aunque estuviera a sus espaldas, podía percatarse de los ojos que le miraban como a una rata de laboratorio. No necesitaba voltear para saber de quién era la mirada. Lo que sentía no era la presión física que le había aplastado cuando escuchó por primera vez la voz del demonio, pero aquello lo aterraba aún más. Fue ese breve instante en que su mente no soportó la presión, ese momento de distracción, lo que le impidió leer los movimientos de Ryuuji.

Al ver a su oponente dirigirse a él, Ryuuji sostuvo su espada con ambas manos y tomó una postura que nadie de ese mundo hubiera podido prever. La misma postura que tomaría cualquier jugador de un popular deporte en el que se empleaba un bate. Con una velocidad que apenas permitía reaccionar, golpeo horizontalmente el formidable cuerpo de su enemigo.

El momento de distracción de Garonte no le permitió ver venir ese ataque y la suma de toda su habilidad y experiencia apenas le permitió cubrirse. Aunque en su lugar, él hubiera preferido desviar el golpe, pues era consciente de lo poco aconsejable que era intentar bloquear algo que azotaba con la misma fuerza de un Rakthan.

El espectáculo del que fueron testigos los presentes duro casi siete segundos, tiempo en el que el enorme cuerpo de Garonte voló por los aires hasta golpear con fuerza la pared de la arena. Mientras sostenía en su mano lo que quedaba de su espada, Ryuuji observaba preocupado la nube de polvo donde se encontraba su oponente… ¿Aquello había sido demasiado?

Afortunadamente los hombres del cuartel confirmaron que Garonte seguía con vida, algo que no parecía sorprender a Argent.

◆◇◆◇

 

Antes del combate tuve una charla con Ryuuji. En ella no solo le dije quién era Garonte, y que las consecuencias de su derrota nos obligarían a abandonar la ciudad y olvidarnos de la gente de Galatea. Si no que también le conté lo que creía sobre la historia de la que me habló el día que nos conocimos.

Mi teoría es que, lo que dijo sobre despertarse solo y luego salir volando, fue real. En mi opinión, eso se debió a que intentó levantarse aplicando la que al parecer era su fuerza normal, pero a causa de la proporción en sus estadísticas, aquello era demasiado y termino por elevarse varios metros por encima del suelo.

Creo también que esto no volvió a suceder, debido a su alta estadística de Espíritu, que según entiendo, tiene que ver con la conexión que hay con el cuerpo. Asumo que debido a esto pudo sin saberlo, suprimir su poder.

Por lo que, si era consciente de ello, podría usar su verdadera fuerza sin problemas. Cabe decir que el resultado fue óptimo, y debo darle crédito por usar esa experiencia en combate, tal vez tenga talento además de sus estadísticas. Eso es prometedor.

Por supuesto que nunca dude de su victoria. La diferencia de estadísticas era demasiada como para solventarla con habilidad y técnica. Tal vez cuando Ryuuji era un completo novato hubiera servido, pero con solo conocer lo básico es suficiente para que alguien con sus estadísticas venciera.

Afortunadamente el golpe de Ryuuji no fue fatal, aunque sí que redujo la salud de Garonte hasta 8 puntos. La verdad fue una sacudida tremenda la que le dio, quizá le fracturo algún hueso, aunque eso no me concierne en tanto no muera en los próximos días.

Lo más importante es que afiancé mi posición y pude terminar de leer a Garonte, llegó la hora de aplicar presión.

Un poco más tarde ese día, cuando comenzaba a oscurecer, volvimos a reunirnos en aquella sala del edificio rojo. Garonte necesitó de unas horas para recuperar la conciencia. En ese tiempo recibió algo de tratamiento, por lo que ahora se encuentra frente a mí, con la mayor parte de su torso, manos y cuello vendados.

“…”

“No necesita decir nada, a partir de ahora yo llevaré la conversación”.

Tratando de ocultar su dolor, hizo los mínimos movimientos posibles, por lo que asintió ligeramente con la cabeza.

“Podemos dejar la charla sobre el general demonio para otro día. De lo que quiero hablar ahora es sobre la persona para la que trabaja”.

El leve ensanchamiento de sus ojos me dejo ver que mis palabras lo tomaron por sorpresa.

“Puede echarle la culpa por esto a su asistente también si lo desea. Sé que trabaja para alguien más gracias a él”.

“¿Qué quiere decir con eso?”

“Antes, cuando me desalentó de comprar esclavos, dijo que no quería minar a sus comerciantes… Eso fue una mentira”.

“Hmm”.

“Entonces pensé, ¿por qué querría evitar que yo comprase a los comerciantes de aquí? La respuesta más simple es que no le agradan o tiene algo en su contra. Y como él trabaja para usted, imagino que es porque lo antagonizan”.

“Usted es un tipo aterrador…”

“Naturalmente la mejor razón para ello, es que en realidad los comerciantes no trabajen para usted, sino para alguien más. Pero la siguiente pregunta sería, ¿Por qué les permitiría comerciar a sus anchas entonces?”

“Lo que significa que trabajan para alguien a quien no puedo oponerme”.

“Exactamente. Y pensándolo bien, tal vez sea un tipo capaz de gobernar esta ciudad, pero no tiene la frialdad necesaria para liderar a un gran número de comerciantes del bajo mundo, como mucho mantenerlos bajo control”.

“Antes era alguien muy capaz, ahora dice que no lo suficiente”.

“No hacen falta más halagos, perdió ese derecho cuando me desafió. Un grupo de comerciantes solo puede ser liderado por otro comerciante. Ningún comerciante arriesgaría los posibles beneficios que alguien como yo traería a su ciudad por el deseo de comprobar mi fuerza”.

“Lo que dice debe ser verdad, jamás pude pensar como esas sabandijas”.

“… ¿Quién es? Quiero saber quién es el verdadero cabecilla de los comerciantes”.

“Se lo diré. La verdad, deseo decírselo. Usted es un noble autentico, las personas comunes deberían servirlo y los demás nobles mostrarle respeto. Pero ese hombre no lo hará. Como tampoco me lo mostró a mí, hasta que pude ganármelo al poner bajo control esta ciudad”.

Sin aviso, Garonte se levantó de su asiento ignorando sus heridas y se postró ante mí.

“En lugar de servir a una sabandija como esa… ¡Prefiero servirlo a usted!”

“¿No piensa en ser usted mismo quien tenga el poder?”

“Esa idea salió de mi cabeza hace mucho”.

“… El General demonio”.

“En efecto. Luego de lo que sucedió, me di cuenta de que no estoy a la altura de ser quien lleva las riendas”.

“… Muy bien. Creo que después de todo si quiero escuchar lo que sabe de él”.

 

 

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Okane o subete sekai e chikara 32 – Ryuuji contra Garonte

monoro

Capítulo 32

Ryuuji contra Garonte

 

A final de cuentas no pude escuchar lo que el niño tenía para decir, poco después de encontrarlo su energía bajo a 5 y quedó inconsciente. Recuerdo que en TLO cuando tu energía bajaba de 5 se colocaba en rojo, aunque no creo que eso tenga que ver en este mundo. Simplemente se durmió del cansancio. Mientras duerme su energía bajara mucho más lento, así que no corre peligro. Lo dejé al cuidado del capitán, seguramente despertará hambriento.

Ahora debo encargarme del asunto de Garonte, de esto puede depender todo lo que ocurra de ahora en adelante, así que debo hacer todo en mis manos para que este encuentro me beneficie. Por esto solo llevo a Ryuuji y Ren conmigo, ellos no pueden entender la lengua humana de aquí.

El lugar de encuentro me es familiar, se trata del edificio de paredes rojas que usamos como referencia apenas llegamos. En aquel momento no pensé mucho del lugar, solo me llamó la atención que fuera el único edificio completamente pintado. Supongo que no todos pueden permitirse gastar dinero solo para pintar, y ya que lo pienso, este edificio es un piso más alto que el resto en la calle, es tan grande como el cuartel de justicia.

En cuanto me acerqué a la puerta, un guardia me recibió, luego me guió al interior, hasta el segundo piso. Antes de subir las escaleras, un par de guardias se colocaron detrás de nosotros, vigilantes de Ryuuji y Ren.

Lo extraño es que luego de llegar, a la que creo es la habitación en la que me encontraré con Garonte, los guardias volvieron a las escaleras. ¿Pretenden vigilar la salida?

La habitación es bastante simple, tiene una mesa y un par de sillones con espacio para tres personas cada uno. Un candelabro con tubos de cristal que contienen esa sustancia luminosa. No debería sorprenderme que usen esas fuera de Galia, seguramente sea lo común, por lo menos son más brillantes que las velas. Aunque desconozco su duración, puedo suponer que tienen una vida útil mucho más larga también.

Hay una ventana de vidrio, un lujo en este sitio hasta donde he podido ver, al menos no he visto otras en esta ciudad. La ventana seguramente no preocupa a los guardias ya que el marco es de metal y estamos en el tercer piso.

Antes de que hubiera tiempo de tomar asiento, la puerta interior se abrió y un hombre vestido con ropa elegante y una capa se hizo presente, acompañado por alguien que porta una armadura metálica que recubre todo su enorme cuerpo de dos metros. Con que este es Garonte… ya veo porque los guardias nos dejaron, con un sujeto así no hace falta más seguridad.

“Usted debe ser Argent, el hombre del que he oído hablar, yo soy Garonte y este es mi fiel guardia, Barbatus”.

Barbatus, eh… ¿De dónde me suena ese nombre?

“Como dijo, soy Argent. Ellos son mi protegido Ryuuji y mi confidente Ren. Espero que no le moleste que nos acompañen. Puedo asegurarle que no intervendrán en la conversación, ninguno habla el idioma local, por lo que podemos hablar con confianza”.

“Vaya, eso es muy detallista de su parte. Barbatus habla el idioma del este, pero tiene toda mi confianza, le aseguro que no divulgará nada”.

Es interesante como el aura del tipo esta roja desde que comenzó a hablar. Es el claro efecto de <<Terror del estafador>> diciéndome que miente… No es como si lo necesitara para saberlo, pero no viene mal la confirmación. Bueno, es obvio que no se cree lo de que no hablan el idioma, pero tampoco es que importe.

“Bueno, dejando de lado a los acompañantes, debo decir que usted viste ropas de una calidad fascinante, no creo haber visto antes algo igual”.

“Bueno, he viajado mucho, y tengo un gusto por comprar las cosas que me llaman la atención. Espero poder encontrar buen uso para mi dinero aquí, siento que debe haber muchos tesoros en una ciudad como esta”.

“Directo al punto entonces… Exactamente, ¿qué es lo que desea comprar?”

“Bueno, hay muchas cosas que podrían llamar mi atención, en particular escuché que habría una importante subasta en un par de días”.

“¿Está interesado en los esclavos? No es que quiera minar a los comerciantes de mi ciudad, pero hasta donde sé, esta vez la mayoría de los esclavos son campesinos de la región. No creo que puedan satisfacer las exigencias de alguien como usted”.

“Juzgaré eso con mis propios ojos. Nunca se sabe donde encontrará uno la siguiente maravilla”.

“Le tomo la palabra, después de todo quien diría que alguien de su porte llegaría a la ciudad sin previo aviso. Me han dicho que ha gastado cantidades ingentes de dinero en frivolidades”.

“Hablando de frivolidades, ¿no le parece que ya fueron demasiadas?”

Por un instante el hombre de armadura pareció querer dar un paso al frente, pero fue detenido por las siguientes palabras.

“En efecto, creo que es hora de hablar en serio. ¿Quién es usted en verdad?”

“Argent Makoto”.

“… Lo dice en serio… ¿Un Aristoi? ¿¡Realmente quiere que crea que un Aristoi entro a la ciudad sin que yo lo sepa!?”

Una vez más el corpulento hombre de armadura se movió ligeramente, reaccionando ante las palabras de enfado.

“Disculpe… fue un momento de flaqueza. Espero que podamos continuar”.

“No hay problema, pero por lo visto sería mejor que tuviéramos nuestra conversación directamente, cara a cara… señor Garonte”.

Dije mientras ignoraba por completo la reacción del hombre de capa y centraba mi mirada en el hombre con armadura, en Garonte.

De pronto, Garonte removió su casco y reveló su rostro. Era el rostro de un hombre en sus treintas, y a pesar de tener facciones que invitaban a pensar en un hombre tosco y rudo, aun así tenían un cierto aire de elegancia, suficiente para poder conquistar a más de una dama. Es justo la imagen de un noble fuerte que comanda a sus hombres él mismo.

“Dígame, ¿cómo lo supo?”

“Bueno, el hecho de que este hombre se alterara tan fácilmente, mostraba que no estaba acostumbrado a lidiar con sucesos inesperados, lo que no es normal en alguien que está a la cabeza de una ciudad en la que se reúne gente del bajo mundo. También el hecho de que en dos ocasiones su respuesta vino solo después de que usted se moviera, lo que implica que estaba dándole una señal. Por último, es inconcebible que no pudiera saber la regularidad con la que la gente soborna a los guardias para pasar discretamente por la ciudad”.

“Vaya, dicho de esa forma, suena como si todo su razonamiento se basara en que yo sea un hombre capaz”.

“No lo estoy elogiando, pero no cualquiera actúa con su rapidez al enterarse de que alguien como yo anda paseando por sus calles. Además, eso no es todo”.

“¿Y qué más hay?”

“Su nombre, el nombre <Barbatus>. Es el nombre de un guerrero que vivió hace mucho, el tipo de hombre que protagoniza cuentos de fantasía para contar a los niños. Obviamente tenía que ser un nombre inventado”.

Finalmente, pero no menos importante, puedo ver su nombre junto con sus estadísticas gracias a mi monóculo, no tuve que deducir nada, ni por un segundo me engañó.

De repente, Garonte comenzó a aplaudir. Un sonido más estridente de lo normal, debido al choque de metal con metal, inevitable si se aplaude usando guanteletes.

“Brillante. Simplemente brillante. No me cabe duda de que posee un intelecto digno de un Aristoi, no es un hombre ordinario… Los rumores sobre usted parecen reales luego de escucharlo hablar”.

¿Rumores? No creo que los comerciantes de la ciudad hayan podido descubrir más de mí de lo que les permití.

“Ahora necesito saberlo, si en verdad es tan poderoso como para pelear contra uno de esos monstruos vestidos de rojo”.

¿De qué está hablando? Lo que dice suena como si supiera lo que ocurrió en Galia.

¿Acaso tenía alguna otra fuente de información que no consideré?

“¿De qué rumores habla?”

“Oh, no se sorprenda. Es algo que dijeron unos soldados de Iren”.

¿¡Soldados de Iren!?

“Verá, hay un grupo de soldados de Iren buscando algo en la ciudad… Pero eso usted ya lo sabía. Lo que tal vez no sabía, es que son soldados regulares. Sé que es difícil creerlo para alguien que ha visto a los monstruos de rojo, pero los soldados regulares de Iren son, dentro de todo, hombres relativamente normales. Y como humanos que son, a veces se les afloja la lengua mientras están divirtiéndose en un bar”.

Quien hubiera pensado que otra vez vería a un bar ser fuente de información. Más aun, ¿quién pensaría que me afectaría la filtración de información de mi enemigo?

… Naturalmente, yo.

“¿Y que escuchó de ellos?”

“Algo que me dejo estupefacto. Hablaban de algo que parecía ser el tema de conversación de moda. Sobre un hombre que venció a un comandante Acme, como si fuera nada”.

Por un breve instante, la expresión en el rostro de Garonte cambió. Cualquier otro no lo hubiera notado, pero puedo saber qué clase de shock le provocaron esas palabras al ver que le afecta el solo repetirlas.

Es hora de cosechar lo sembrado.

“¿Qué le hace pensar que yo podría ser ese hombre?”

“Fue la descripción que dieron del hombre. Un hombre joven de cabello brilloso e inmaculado. Usando ropa ocre con bordados brillantes de tonos rojos y dorados. Un monóculo con grabados, resaltando su apariencia intelectual. Y lo más importante, una presencia tan asombrosa que nada se le compara, generando admiración a cada momento de verlo”.

“Me halaga. Aunque ciertamente encajo con el perfil inicial, no sé si mi presencia…”

“No me cabe duda, es usted. Verlo me hace recordar al demonio, aunque no provoca en mi temor, solo admiración”.

“¿Usted lo ha visto? Al general demonio de dos cuernos”.

“Nunca lo olvidaré. Su figura aparecerá en mis pesadillas hasta el fin de mis días”.

“Quisiera que me contara sobre él”.

“Lo haré, pero a cambio… Quiero un duelo con usted”.

“¿Disculpe?”

“He visto con mis ojos cuan inteligente es, señor Argent Makoto. Puedo creer que es un Aristoi, pero no puedo creer que sea capaz de vencer a uno de esos monstruos rojos sin ver su fuerza yo mismo”.

“…Muy bien. Pero yo tampoco puedo simplemente aceptar su desafío sin saber si es digno”.

De repente, el hombre de traje y capa que había estado en silencio desde que Garonte se quitó el casco comenzó a gritar.

“¿¡Cómo se atreve!?”

“Tranquilo, recuerda que estás en presencia de un Aristoi. Es una persona muy por encima de mí. El solo hecho de que me permita desafiarlo es un honor… ¿Qué debería hacer para probar ser digno?”

“Se enfrentará a mi protegido Ryuuji. Yo mismo he supervisado su entrenamiento, doy fe de que no será un oponente fácil”.

“¿Así que debo vencer al discípulo antes de poder enfrentar al maestro?”

“No dije que fuera mi discípulo… pero si no puedes con mi subordinado, menos podrás conmigo. Así que, si quiere que acepte su desafío, deberá vencer a Ryuuji primero”.

“Qué así sea”.

 

◆◇◆◇

 

En el interior de los cuarteles de justicia, en una arena preparada para los entrenamientos de los oficiales de justicia, Ryuuji y Garonte se observan uno al otro. A su alrededor se encontraban Argent, Ren y varios subordinados de Garonte, incluyendo una docena de sus oficiales de justicia.

Luego de recibir la señal, ambos avanzaron hacia el otro dispuestos a chocar espadas. Claro que estas no eran las espadas que normalmente portaban, sino las espadas de entrenamiento que usaban los oficiales de justicia. Bajo ninguna circunstancia dejarían que una diferencia en la calidad de sus armas decidiera el combate.

Entonces, ante los ojos de todos, sus espadas chocaron.

 

 

 

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