Okane o subete sekai e chikara 32 – Ryuuji contra Garonte

monoro

Capítulo 32

Ryuuji contra Garonte

 

A final de cuentas no pude escuchar lo que el niño tenía para decir, poco después de encontrarlo su energía bajo a 5 y quedó inconsciente. Recuerdo que en TLO cuando tu energía bajaba de 5 se colocaba en rojo, aunque no creo que eso tenga que ver en este mundo. Simplemente se durmió del cansancio. Mientras duerme su energía bajara mucho más lento, así que no corre peligro. Lo dejé al cuidado del capitán, seguramente despertará hambriento.

Ahora debo encargarme del asunto de Garonte, de esto puede depender todo lo que ocurra de ahora en adelante, así que debo hacer todo en mis manos para que este encuentro me beneficie. Por esto solo llevo a Ryuuji y Ren conmigo, ellos no pueden entender la lengua humana de aquí.

El lugar de encuentro me es familiar, se trata del edificio de paredes rojas que usamos como referencia apenas llegamos. En aquel momento no pensé mucho del lugar, solo me llamó la atención que fuera el único edificio completamente pintado. Supongo que no todos pueden permitirse gastar dinero solo para pintar, y ya que lo pienso, este edificio es un piso más alto que el resto en la calle, es tan grande como el cuartel de justicia.

En cuanto me acerqué a la puerta, un guardia me recibió, luego me guió al interior, hasta el segundo piso. Antes de subir las escaleras, un par de guardias se colocaron detrás de nosotros, vigilantes de Ryuuji y Ren.

Lo extraño es que luego de llegar, a la que creo es la habitación en la que me encontraré con Garonte, los guardias volvieron a las escaleras. ¿Pretenden vigilar la salida?

La habitación es bastante simple, tiene una mesa y un par de sillones con espacio para tres personas cada uno. Un candelabro con tubos de cristal que contienen esa sustancia luminosa. No debería sorprenderme que usen esas fuera de Galia, seguramente sea lo común, por lo menos son más brillantes que las velas. Aunque desconozco su duración, puedo suponer que tienen una vida útil mucho más larga también.

Hay una ventana de vidrio, un lujo en este sitio hasta donde he podido ver, al menos no he visto otras en esta ciudad. La ventana seguramente no preocupa a los guardias ya que el marco es de metal y estamos en el tercer piso.

Antes de que hubiera tiempo de tomar asiento, la puerta interior se abrió y un hombre vestido con ropa elegante y una capa se hizo presente, acompañado por alguien que porta una armadura metálica que recubre todo su enorme cuerpo de dos metros. Con que este es Garonte… ya veo porque los guardias nos dejaron, con un sujeto así no hace falta más seguridad.

“Usted debe ser Argent, el hombre del que he oído hablar, yo soy Garonte y este es mi fiel guardia, Barbatus”.

Barbatus, eh… ¿De dónde me suena ese nombre?

“Como dijo, soy Argent. Ellos son mi protegido Ryuuji y mi confidente Ren. Espero que no le moleste que nos acompañen. Puedo asegurarle que no intervendrán en la conversación, ninguno habla el idioma local, por lo que podemos hablar con confianza”.

“Vaya, eso es muy detallista de su parte. Barbatus habla el idioma del este, pero tiene toda mi confianza, le aseguro que no divulgará nada”.

Es interesante como el aura del tipo esta roja desde que comenzó a hablar. Es el claro efecto de <<Terror del estafador>> diciéndome que miente… No es como si lo necesitara para saberlo, pero no viene mal la confirmación. Bueno, es obvio que no se cree lo de que no hablan el idioma, pero tampoco es que importe.

“Bueno, dejando de lado a los acompañantes, debo decir que usted viste ropas de una calidad fascinante, no creo haber visto antes algo igual”.

“Bueno, he viajado mucho, y tengo un gusto por comprar las cosas que me llaman la atención. Espero poder encontrar buen uso para mi dinero aquí, siento que debe haber muchos tesoros en una ciudad como esta”.

“Directo al punto entonces… Exactamente, ¿qué es lo que desea comprar?”

“Bueno, hay muchas cosas que podrían llamar mi atención, en particular escuché que habría una importante subasta en un par de días”.

“¿Está interesado en los esclavos? No es que quiera minar a los comerciantes de mi ciudad, pero hasta donde sé, esta vez la mayoría de los esclavos son campesinos de la región. No creo que puedan satisfacer las exigencias de alguien como usted”.

“Juzgaré eso con mis propios ojos. Nunca se sabe donde encontrará uno la siguiente maravilla”.

“Le tomo la palabra, después de todo quien diría que alguien de su porte llegaría a la ciudad sin previo aviso. Me han dicho que ha gastado cantidades ingentes de dinero en frivolidades”.

“Hablando de frivolidades, ¿no le parece que ya fueron demasiadas?”

Por un instante el hombre de armadura pareció querer dar un paso al frente, pero fue detenido por las siguientes palabras.

“En efecto, creo que es hora de hablar en serio. ¿Quién es usted en verdad?”

“Argent Makoto”.

“… Lo dice en serio… ¿Un Aristoi? ¿¡Realmente quiere que crea que un Aristoi entro a la ciudad sin que yo lo sepa!?”

Una vez más el corpulento hombre de armadura se movió ligeramente, reaccionando ante las palabras de enfado.

“Disculpe… fue un momento de flaqueza. Espero que podamos continuar”.

“No hay problema, pero por lo visto sería mejor que tuviéramos nuestra conversación directamente, cara a cara… señor Garonte”.

Dije mientras ignoraba por completo la reacción del hombre de capa y centraba mi mirada en el hombre con armadura, en Garonte.

De pronto, Garonte removió su casco y reveló su rostro. Era el rostro de un hombre en sus treintas, y a pesar de tener facciones que invitaban a pensar en un hombre tosco y rudo, aun así tenían un cierto aire de elegancia, suficiente para poder conquistar a más de una dama. Es justo la imagen de un noble fuerte que comanda a sus hombres él mismo.

“Dígame, ¿cómo lo supo?”

“Bueno, el hecho de que este hombre se alterara tan fácilmente, mostraba que no estaba acostumbrado a lidiar con sucesos inesperados, lo que no es normal en alguien que está a la cabeza de una ciudad en la que se reúne gente del bajo mundo. También el hecho de que en dos ocasiones su respuesta vino solo después de que usted se moviera, lo que implica que estaba dándole una señal. Por último, es inconcebible que no pudiera saber la regularidad con la que la gente soborna a los guardias para pasar discretamente por la ciudad”.

“Vaya, dicho de esa forma, suena como si todo su razonamiento se basara en que yo sea un hombre capaz”.

“No lo estoy elogiando, pero no cualquiera actúa con su rapidez al enterarse de que alguien como yo anda paseando por sus calles. Además, eso no es todo”.

“¿Y qué más hay?”

“Su nombre, el nombre <Barbatus>. Es el nombre de un guerrero que vivió hace mucho, el tipo de hombre que protagoniza cuentos de fantasía para contar a los niños. Obviamente tenía que ser un nombre inventado”.

Finalmente, pero no menos importante, puedo ver su nombre junto con sus estadísticas gracias a mi monóculo, no tuve que deducir nada, ni por un segundo me engañó.

De repente, Garonte comenzó a aplaudir. Un sonido más estridente de lo normal, debido al choque de metal con metal, inevitable si se aplaude usando guanteletes.

“Brillante. Simplemente brillante. No me cabe duda de que posee un intelecto digno de un Aristoi, no es un hombre ordinario… Los rumores sobre usted parecen reales luego de escucharlo hablar”.

¿Rumores? No creo que los comerciantes de la ciudad hayan podido descubrir más de mí de lo que les permití.

“Ahora necesito saberlo, si en verdad es tan poderoso como para pelear contra uno de esos monstruos vestidos de rojo”.

¿De qué está hablando? Lo que dice suena como si supiera lo que ocurrió en Galia.

¿Acaso tenía alguna otra fuente de información que no consideré?

“¿De qué rumores habla?”

“Oh, no se sorprenda. Es algo que dijeron unos soldados de Iren”.

¿¡Soldados de Iren!?

“Verá, hay un grupo de soldados de Iren buscando algo en la ciudad… Pero eso usted ya lo sabía. Lo que tal vez no sabía, es que son soldados regulares. Sé que es difícil creerlo para alguien que ha visto a los monstruos de rojo, pero los soldados regulares de Iren son, dentro de todo, hombres relativamente normales. Y como humanos que son, a veces se les afloja la lengua mientras están divirtiéndose en un bar”.

Quien hubiera pensado que otra vez vería a un bar ser fuente de información. Más aun, ¿quién pensaría que me afectaría la filtración de información de mi enemigo?

… Naturalmente, yo.

“¿Y que escuchó de ellos?”

“Algo que me dejo estupefacto. Hablaban de algo que parecía ser el tema de conversación de moda. Sobre un hombre que venció a un comandante Acme, como si fuera nada”.

Por un breve instante, la expresión en el rostro de Garonte cambió. Cualquier otro no lo hubiera notado, pero puedo saber qué clase de shock le provocaron esas palabras al ver que le afecta el solo repetirlas.

Es hora de cosechar lo sembrado.

“¿Qué le hace pensar que yo podría ser ese hombre?”

“Fue la descripción que dieron del hombre. Un hombre joven de cabello brilloso e inmaculado. Usando ropa ocre con bordados brillantes de tonos rojos y dorados. Un monóculo con grabados, resaltando su apariencia intelectual. Y lo más importante, una presencia tan asombrosa que nada se le compara, generando admiración a cada momento de verlo”.

“Me halaga. Aunque ciertamente encajo con el perfil inicial, no sé si mi presencia…”

“No me cabe duda, es usted. Verlo me hace recordar al demonio, aunque no provoca en mi temor, solo admiración”.

“¿Usted lo ha visto? Al general demonio de dos cuernos”.

“Nunca lo olvidaré. Su figura aparecerá en mis pesadillas hasta el fin de mis días”.

“Quisiera que me contara sobre él”.

“Lo haré, pero a cambio… Quiero un duelo con usted”.

“¿Disculpe?”

“He visto con mis ojos cuan inteligente es, señor Argent Makoto. Puedo creer que es un Aristoi, pero no puedo creer que sea capaz de vencer a uno de esos monstruos rojos sin ver su fuerza yo mismo”.

“…Muy bien. Pero yo tampoco puedo simplemente aceptar su desafío sin saber si es digno”.

De repente, el hombre de traje y capa que había estado en silencio desde que Garonte se quitó el casco comenzó a gritar.

“¿¡Cómo se atreve!?”

“Tranquilo, recuerda que estás en presencia de un Aristoi. Es una persona muy por encima de mí. El solo hecho de que me permita desafiarlo es un honor… ¿Qué debería hacer para probar ser digno?”

“Se enfrentará a mi protegido Ryuuji. Yo mismo he supervisado su entrenamiento, doy fe de que no será un oponente fácil”.

“¿Así que debo vencer al discípulo antes de poder enfrentar al maestro?”

“No dije que fuera mi discípulo… pero si no puedes con mi subordinado, menos podrás conmigo. Así que, si quiere que acepte su desafío, deberá vencer a Ryuuji primero”.

“Qué así sea”.

 

◆◇◆◇

 

En el interior de los cuarteles de justicia, en una arena preparada para los entrenamientos de los oficiales de justicia, Ryuuji y Garonte se observan uno al otro. A su alrededor se encontraban Argent, Ren y varios subordinados de Garonte, incluyendo una docena de sus oficiales de justicia.

Luego de recibir la señal, ambos avanzaron hacia el otro dispuestos a chocar espadas. Claro que estas no eran las espadas que normalmente portaban, sino las espadas de entrenamiento que usaban los oficiales de justicia. Bajo ninguna circunstancia dejarían que una diferencia en la calidad de sus armas decidiera el combate.

Entonces, ante los ojos de todos, sus espadas chocaron.

 

 

 

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